Venecia es
una ciudad misteriosa que siempre ha sorprendido a sus contemporáneos por sus
cualidades de riqueza y estabilidad. Se trata de una ciudad orgullosa de sí
misma que recibe durante todo el año miles de visitantes ante los que se
muestra casi como “un escenario”. Además, Venecia promueve en gran medida el
arte y la arquitectura contemporánea a través de su Bienal aunque por el
contrario apenas encontramos ejemplos de este tipo de arquitectura en ella.
Para este
proyecto, se parte entonces de dos premisas/conceptos:
La primera es
la famosa tradición veneciana del Carnaval y la segunda es pensar que Venecia
se encuentra en su punto justo, límite, no se puede construir más si no se
quiere estropear. Ante esto, no se propone ninguna construcción nueva sino al
contrario, reducir parte de lo existente a una simple máscara. Venecia como una
máscara. Es decir, se conservará la imagen turística de la ciudad que los
venecianos no quieren modificar de ninguna forma pero no estará formada más que
por fachadas que esconden detrás una nueva Venecia, la Venecia que nunca fue.
Me centro en el gran Canal pero es una operación que podría entenderse en el resto de la ciudad. Se mantendrán todas las fachadas existentes de grandes palacios, mercados, casas… pero se hará un vaciado de lo que hay detrás para ser ocupado posteriormente por más parques verdes (algo con lo que Venecia apenas cuenta), más dotaciones culturales, u otras formas de arquitectura más contemporáneas.













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